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El día 8 de septiembre celebramos el “Dia del Cooperante”. Queremos aportar una pequeña reflexión sobre esta figura, la de la Persona Cooperante, esa que se va a trabajar a un país para colaborar con la ONGD local en la ejecución de un proyecto o programa.

En Coopera son nuestras heroínas, pero ¿por qué? Porque son absolutamente contraculturales.

Trabajan a miles de kilómetros de sus casas en lugares con condiciones muy extremas de clima, geografía. No llaman para quejarse de que el aire acondicionado va mal porque no hay aire acondicionado, ni tantas otras cosas que aquí nos parecen indispensables.

En Coopera Euskadi son todas mujeres, y lo mismo están apoyando a una cooperativa que negociando con el constructor de la posta médica para que se atenga al presupuesto, que haciendo un informe o recogiendo con cubos los restos de una inundación. No son superwomen, pero se convierten en todoterreno a base de enfrentarse a los obstáculos y pelear por superarlos. Escuchad, si tenéis oportunidad, sus relatos del tiempo de la pandemia por COVID 19.

También tienen mucha suerte nuestras mujeres cooperantes. Están en contacto directo con poblaciones muy distintas, lo que amplía su forma de pensar, de enfocar el mundo, de ver realidades como la tierra, el trabajo, la familia. Por eso no suelen ser dogmáticas, y nos enseñan.

Muchas veces se contagian de enfermedades que aquí no conocemos, pero la más grave es el “mal de África”, que es un bien, un enamoramiento; se ven pilladas totalmente por África, porque África te atrapa y no te suelta.

Pero esta visión que parece naif no es toda la realidad. Desde las oficinas tenemos que cuidar a nuestras cooperantes. Lo más importante es que sus condiciones laborales sean estables, seguras. Nuestro sector sabe muy bien lo que es la precariedad, porque dependemos de ayudas voluntarias de muchas personas y de algunas instituciones, que se renuevan año a año y que, en condiciones de crisis, son las primeras en desaparecer. Por eso, las personas cooperantes son las primeras en las que hemos de pensar. Junto al contrato, la adaptación allí y aquí. Allí para que no sientan soledad, que ha hecho mucho daño a las personas expatriadas; y aquí porque, cuando vuelven, tenemos que acompañarlas en su proceso de readaptación a una sociedad que en muchos casos perciben como extraña y falta de valores.

Por eso, en el Dia del Cooperante, nuestro homenaje más cariñoso a todas esas personas sin las que nuestras organizaciones serían mucho más pobres.