A continuación reproducimos un resumen del artículo publicado por nuestra consultora de proyectos WASH en la revista del IEED (International Institute for Environment and Development) del que es investigadora.
En Zimbabue, más del 40 % de los hogares están encabezados por mujeres, muchas de ellas residentes en slums o asentamientos informales urbanos. Estas comunidades son las más vulnerables ante los impactos del cambio climático, debido a la precariedad de las viviendas, la falta de servicios básicos y la inseguridad de la tenencia.
A pesar de los avances normativos, las políticas nacionales sobre género y clima se implementan de manera limitada y sin suficiente enfoque interseccional. Las mujeres en los slums sufren de forma desproporcionada los efectos de las sequías, inundaciones y olas de calor, lo que incrementa la carga doméstica, la pérdida de medios de vida y la exposición a la violencia de género. El cambio climático amplifica desigualdades preexistentes y agrava la pobreza urbana femenina.
Organizaciones como ZIHOPFE (Federación de Personas sin Hogar de Zimbabue) y Dialogue on Shelter (DoS), afiliadas a Slum Dwellers International, impulsan procesos de adaptación liderada por mujeres y recolección de datos comunitarios desglosados por género. El mapeo participativo de los slums en ciudades como Harare, Masvingo y Bulawayo permite identificar vulnerabilidades específicas y diseñar estrategias de resiliencia locales.
Los grupos de ahorro de mujeres, más de 500 en todo el país, han creado fondos rotatorios —como el Fondo Gungano— que financian acciones de adaptación y mitigación a escala comunitaria. La coproducción entre comunidades y autoridades locales fortalece la gobernanza climática y promueve soluciones sensibles al género.
El acceso al agua y la gestión de puntos de abastecimiento se ha convertido en un foco crítico de conflicto y violencia, pero también en un espacio de empoderamiento femenino mediante la formación y gestión colectiva.
La falta de datos de género sigue siendo un obstáculo central: impide visibilizar las desigualdades y orientar políticas efectivas. El IIED y sus socios proponen cerrar esta brecha mediante sistemas de información participativos y políticas basadas en evidencias. Los movimientos de base muestran que las mujeres no son solo víctimas del cambio climático, sino agentes activas de adaptación con conocimientos valiosos sobre gestión del agua, horticultura urbana y protección frente a desastres. Sin embargo, la persistencia de normas patriarcales y la débil representación política de las mujeres limitan su influencia en la toma de decisiones.
La resiliencia climática requiere, por tanto, transformaciones sociales y culturales, además de inversiones en infraestructura y datos. Incorporar las voces de las mujeres —incluidas mayores, discapacitadas y de minorías— en los foros climáticos locales y nacionales es esencial para garantizar justicia climática y urbana. El fortalecimiento de las redes femeninas en slums contribuye a construir ciudades más inclusivas, equitativas y sostenibles frente al cambio climático.
El documento concluye que una adaptación urbana efectiva en Zimbabue debe ser feminista, basada en datos y liderada desde la comunidad.
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